23 Julio 2015

Argentina fue víctima de sus propios errores.

Escrito por Victor Flores
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Por Carlos Prigollini*

No es casual que durante 22 años la Selección Argentina no haya ganado nada. Dirigentes, técnicos, pseudoaficionados devenidos en barrabravas y una buena parte del periodismo local fueron los causantes de tantos reveses. El fallecido Julio Grondona dirigió por más de tres décadas el fútbol nacional con una serie de corruptelas y complicidades con obscuros y obsecuentes dirigentes que dejaron el deporte más popular en estado de coma intensiva.  Clubes quebrados a pesar de vender a sus mejores jugadores en cifras millonarios, aumento geométrico de la violencia, barrabravas que se paseaban con absoluta impunidad en los mismos clubes, fueron el común denominador de estos largos y tristes años. Consecuencia de ello y las investigaciones del FBI en Zúrich, tres empresarios locales hoy están presos, sumado a otros siete dirigentes de la Conmebol. 

En el período del octogenario Grondona, desfilaron varios técnicos, que más allá de su histrionismo y necedad, pasaron sin pena ni gloria por la albiceleste, tales son los casos de Pasarella, Bielsa, Peckerman, Maradona y Sabella. Ninguno de ellos supo interpretar las verdaderas fuentes del fútbol nacional, haciendo prevalecer esquemas defensivos y timoratos que tan lejos están de los grandes íconos de la Selección.

Este período, desde 1993 a la fecha, marcado por la globalización, el consenso de Washington y el feroz y destructivo neoliberalismo, tuvo su fiel reflejo en el fútbol argentino, invadido por negocios de capitales golondrinas de dudoso origen, al igual que pseudorepresentantes, empresarios y directivos inescrupulosos.

En ese calamitoso estado llegamos a la Copa América, con un técnico que después de ilusionarnos con un sistema diferente, termina en el decisivo partido contra Chile con la improvisación y el desatino de un equipo defensivo, que retrocede sus líneas para jugar de contragolpe y deja a su estrella, el superlativo Messi en total soledad.

Si bien la actuación de la pulga no fue satisfactoria, tampoco sus acompañantes dieron una mínima noción de estar jugando a la altura requerida. El diez no  lograba sacudirse la brutal marca de defensas chilenos que pegaron por doquier gracias a la permisiva actuación arbitral, ni tampoco pudo descargar con laterales que no se proyectaban y delanteros sumamente estáticos que no rotaban ni se desmarcaban como Agüero, Lavezzi o el limitado Pipita Higuaín. El “tata” Martino careció de los reflejos necesarios  para entender el partido ante un equipo como el chileno, que marcaba a Messi con golpes y defensas escalonados, con buen manejo de pelota y la subida de sus laterales, más un excelso Alexis Sánchez y un gran pasador de balón como Valdivia, neutralizó desde el comienzo del juego las aspiraciones argentinas.

Pero lo que más sorprende, o indigna, en este amplio concierto de complicidades es la siempre agazapada y tan amarillista artillería mediática que la prensa local - resultadista y poco equilibrada en la mayoría de los medios hegemónicos con el diario Olé a la cabeza-desatara contra el mejor jugador del mundo. Messi fue vapuleado por los admiradores de victorias pírricas, por los mismos que lo critican por no cantar el Himno Nacional, como si la Patria estuviera en juego por un partido de fútbol, por aquellos que desde hace años solo pretenden dosis de huevos y garra en la cancha, sin llegar a entender que este es un juego de talento, toque, inteligencia y sobre todo de la magia que unos pocos elegidos pueden ofrecer.

Sin duda que el jugador del Barcelona es parte de esos elegidos y mucho más, ya que el mejor futbolista del planeta debe ser apoyado y tal vez consentido tanto fuera como dentro del verde césped. 

El fútbol es un fiel reflejo de la sociedad, por lo tanto no es casual que los detractores de siempre -muchos de los cuales en su vida le pegaron a una pelota -sean los mismos que desde los grandes medios impulsan una forma destructiva y cada vez más hostil de hacer política.

Tal como sostuviera César Luis Menotti "debemos cuidar a Messi, porque sin él es muy probable que Argentina no califique para el próximo Mundial".

 

*CARLOS PRIGOLLINI Antropólogo social, periodista y escritor argentino. Fue columnista de La Afición, La Jornada y Unión de Morelos. Publicó los libros Fútbol y Sociedad, Fútbol, Política y otras Pasiones, Fútbol Secuestrado y Tiempo de Descuento: antología de cuentos de fútbol y de la vida; es coeditor y columnista del blog www.futbolysociedad.blogspot.com

 

 

 

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